“La ira oculta tu dolor, empieza por perdonarte"

La ira es una emoción básica y universal, y aunque como tal, la ira la sentiremos de forma excepcional, esta emoción en su grado de manifestación más básico que es el enfado, sí la sentimos de forma mucho más habitual.

La ira es el enfado descontrolado. Hemos ido aprendiendo a reprimir la ira y llegar sólo a manifestar enfados de forma más o menos evidente a través de gestos y formas.

La manera más sana de liberar el enfado es expresarlo, ya que es la forma en la que entenderemos su mensaje y nos ayudará a crecer y superarnos. Mitigar, reprimir y maquillar el enfado hará que no aprendamos de él y, sobre todo, de nosotros mismos. Guardar la forma es importante, socialmente correcto y adecuado, pero expresar emociones es natural, adaptativo y la manera de ser mejores, encontrar el equilibro entre ambas cosas es la clave del desarrollo humano.

El enfado, como todas las emociones, debe manifestarse para que podamos identificar la información que hay detrás de esa sensación. Nos enfadamos cuando sentimos que se han rebasado nuestros límites, nos molestamos con el que los ha sobrepasado pero sobre todo y más importante: nos enfadamos con nosotros mismos por haberlo permitido. El mensaje detrás del enfado es "me han atacado" y mucho más doloroso y la clave o trasfondo real "me he dejado atacar".

La consecuencia directa del enfado siempre es el castigo a los demás en primer lugar y si somos capaces de ir un paso más allá, el más riguroso de los castigos, el que infringimos contra nosotros mismos.

Enfadarse tiene consecuencias en nuestro cuerpo, cuando nos enfadamos nos sentimos mal y se nos percibe, nuestros gestos no son los habituales (rictus), y hormonalmente segregamos sustancias que perjudican nuestro sistema inmunológico, luchar ya sea contra otros y contra nosotros siempre debilita, físicamente estamos en tensión y eso ataca a nuestros músculos y se pueden producir rigideces que acaban en contracturas y lesiones y en caso de ira recurrente, incluso en enfermedades*.

¿Cómo gestionar el enfado?

Lo primero es hacernos la gran pregunta ¿qué es en realidad lo que me ha molestado? Y por supuesto, como se trata de ayudarnos, debemos ser sinceros con nosotros mismos. Y la siguiente gran pregunta: ¿realmente era tan importante aquello que me ha incomodado?

Segundo, ¿la responsabilidad es de la persona que desencadena en mí enfado y es mía? Tendemos a culpar a los demás de nuestra falta de límites o de nuestra poca capacidad para cumplirlos y mantenerlos.

Tercero, si sabes lo que te enfada, ¡entiéndete! Eres humano, imperfecto. Entiende también que las personas y las situaciones a veces nos superan. Y entiende a los demás, que realmente son mensajeros de algo que en realidad nos ocurre a nosotros. El otro nos pone delante de nuestro propio nivel personal, de conciencia y de exigencia.

Y lo más importante, cuando algo nos molesta de verdad, nos revela información valiosísima para nuestra vida: que hay límites que no tenemos claros, o que no los imponemos o defendemos con coherencia. Puede que descubramos que no sabemos decir "no" y después nos arrepintamos de ello, o que creamos que diciendo "si" seremos más valorados o incluso más queridos y eso rara vez sucede.

¿Es posible no enfadarse?

En la próxima entrega vamos a quitarle poder a la más dañina de todas las emociones, la culpa.

María Concepción Gordo Alonso
Coach, Formadora, Profesora e Investigadora en la UAM.

-
*Fuente: Clinica Eos.