Quien no vio partir, no vio partirse el mundo en dos” - Rosana

La tristeza es otra emoción básica y universal. Todos vamos a vivir la tristeza en nuestra vida, tanto en primera persona, como por compasión o sufrimiento que percibimos en los demás.

La tristeza es una emoción desagradable, que tiene variedad de grados, se dice que hay 8 tipos de tristeza, desde la pena leve hasta la angustia. No podemos confundir tristeza con depresión. La depresión es un trastorno psicopatológico en el que uno de los síntomas es la tristeza, pero hay otros muchos.

La tristeza va unida a la pérdida de cosas o personas que nos importan, cuanto más produzca y aguda es la tristeza más nos importaba el bien que perdimos.

Si nos sentimos tristes debemos identificar qué es lo que hemos perdido o sentido perder. La intensidad de la pérdida depende de muchos factores, de la importancia que tiene la persona en cuestión y de si la pérdida es pasajera o definitiva, así como si lo perdido es o no reemplazable.

Pero la tristeza también tiene una función importante, ya que nos ayuda a valorar la felicidad.

La tristeza también es inspiradora y cerebralmente puede ser muy creativa, alguna de las más bellas canciones se ha escrito en ese estado, porque en la conexión con el dolor se aminora el ego y la vulnerabilidad nos hace llegar más a nuestra esencia.

La tristeza, como todas las emociones lleva asociadas alteraciones físicas, el llanto es la más evidente y conocida, pero la más importante y con más repercusiones es el daño en el corazón, la tristeza extrema puede alterar el funcionamiento normal de la función cardiaca, la expresión “partirse el corazón” es muy gráfica y hasta cierto punto cierta.*

¿Cómo gestionar y aminorar la tristeza?

Primero, asumiendo que a lo largo de nuestra vida perderemos cosas y personas: familia, amigos, compañeros de camino, trabajos, y hasta aficiones. La vida es evolución y las pérdidas son parte de ella. Hay pérdidas seguras y ciertas por evolución vital y otras imprevistas, que debemos aceptar y entender. Nuestro camino se forja con todos los que lo acompañan, pero también con todos los que parten hacia nuevos destinos porque su presencia en nuestra vida tocó a su fin.

Segundo, valorando lo vivido y dando importancia a los momentos compartidos, agradeciendo la huella que deja en nosotros el que se va. Centrándonos más en lo disfrutado, que en el vacío que dejan.

La vida también consiste en dejar espacios para nuevas cosas y también para nuevas emociones y personas que deben llegar. Dejar ir es dejar llegar.

La tristeza se aminora, dejando que se manifieste, admitiéndola y permitiéndola el tiempo necesario, no luchando contra ella. Pero una vez se ha manifestado debemos saber cuándo dejarla atrás, despedirnos de ella y del mensaje que vino a traernos y continuar nuestro viaje.

Cuando nos sentimos mal y que creemos que no podemos más:

En el siguiente tema trataremos la ira, ¿qué hay de verdad detrás de tus enfados?

María Concepción Gordo Alonso
Coach, Formadora, Profesora e Investigadora en la UAM.

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*Fuente: Mayo Clinic.