"Todos somos genios, pero si juzgamos a un pez por su habilidad para escalar árboles, pensará toda la vida que es un inútil"- Albert Einstein

El desprecio fue la última emoción en ser descubierta, hay investigadores que la incluyen dentro de las emociones básicas, considerándola la séptima de ellas, aunque es la única de este tipo que no es innata, es decir, no nacemos con ella. Se forma aproximadamente a partir de los 7 años por comparación.

Es una emoción negativa, o al menos desagradable. El desprecio como emoción nace de la sensación real (no forzada ni impostada) de sentirnos mejores que otros. En realidad es muy humana y el trasfondo de la sensación incluso puede ser cierto, puesto que todos somos mejores que otros en algo, y otros son mejores que nosotros en otras muchas cosas.

El desprecio como emoción parte de un sentimiento de preeminencia, desde el convencimiento consciente o inconsciente, de superioridad de la persona que lo ejerce. Si hay intención de daño o menosprecio, entonces hay además otras emociones mezcladas como envidia, menoscabo, que no son solo desprecio.

En la emoción de desprecio no hay manipulación, ni intención premeditada de dañar a otras personas, aunque sí afecta al que lo sufre.

En general, nos duele que nos desprecien, pero si encuadramos el desprecio solo como información de que comparativamente en algún aspecto concreto no sabemos lo mismo que otro o no tenemos la misma capacidad en una faceta determinada, o al menos eso cree y siente el que nos desprecia, es mucho más entendible, porque en alguna ocasión hemos podido ejercer la misma consideración hacia otra persona, y seguramente alguna base de razón había en ambas sensaciones.

El desprecio también está tratado desde la Psicología cuando la comparación es desadaptativa y, por tanto, lleva a la falta de respeto o a la aversión hacia otros.

¿Cómo gestionar el desprecio?

Es fundamental intentar entender al otro: el momento, el contexto, la situación concreta en la que se ha producido. Y ser tolerantes, porque nosotros también despreciamos.

Puede ayudar mucho no tomarnos el desprecio como algo personal, “desfocalizar” de nuestra persona y también desvincularlo de nuestra valía y capacidad, ya que no se suele atacar a la persona, sino a acciones o hechos.

El desprecio normalmente tiene una forma de expresión muy característica y no, no consiste en mirar por encima del hombro.

El desprecio, su manifestación y alguna curiosidad

María Concepción Gordo
Coach, Formadora, Profesora e Investigadora en la UAM.